08dic11
Él con su pelo abierto,
lleno de mis ojos sin que sepa
que aguardo feroz y dulce por que la irremisible memoria
nos devuelva algún peldaño al paraíso
al menos un desperdicio amoroso, un dedo bajando en la espalda
cualquier noviembre, una mano doble sosteniendo el fuego en el vendaval,
un trago de agua, un pase fácil a su casa fría.
Él, capaz de sentarme enfrente y ametrallar todos los muros
saltándose los años de la ilusa, su enorme metatexto que no leerá,
él que en 23 palabras le prende fuego a todo lo que dije
aplasta la tarde, estira las calles, las gradas, el vodka.
Él ha venido a traerme la flor marchita para que me haga un té cuando regrese a casa y me lo beba imaginando que provengo de un sueño
y despierte embriagada de mí misma.
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